Séptima pieza

Los hermanos no lo pueden creer, llegó el gran momento: ¡el encuentro del tesoro!

Al traspasar la última puerta ¡quedan atónitos!

La pieza está plena de luz ¡todo se ve con claridad! Aquí ya no hay sabandijas, alimañas ni oscuros animales, estos no soportan la luz, les gusta vivir en oscuridad. El cielo está abierto con ángeles y santos por todos lados, quienes los esperan felices por haber llegado al encuentro del tesoro del reino... al fondo aparece un precioso arco iris.

Teresa y Rodrigo agradeciendo a María y José por haberlos protegido en el camino, les devuelven el manto y el farol. Ellos a su vez les dan a beber del agua de la fuente, los acompañan hasta donde está el Rey sentado en su trono de oro y mientras avanzan los ángeles los bendicen con unas relucientes estrellitas que mueven en sus manos felices de verlos llegar. Los hermanos caen de rodillas ante el Rey, Él los levanta y con un abrazo de Padre los sella para siempre junto a Jesús y el Espíritu Santo, quienes en ese momento se les dan a conocer como la Santísima Trinidad.

Es tal la felicidad de los hermanos por haber llegado a conocer el reino que pierden la noción del tiempo... de repente descubren a los pies del Rey la mariposa muerta, dándose cuenta que ella era el refl ejo de sus almas que ya había encontrado donde posarse... ¡en el corazón del Rey!



Se sienten plenos de amor...

El Rey le entrega a Teresa una espada celeste que dice ¡AMOR! y acercándose a Rodrigo le entrega una espada amarilla que dice ¡PAZ!

A su vez Jesús le pasa a Teresa un escudo que tiene en el centro una ¡O! rodeada de la frase : “Oración es un trato de amistad con Jesús”.

El Espíritu Santo le entrega un escudo semejante a Rodrigo que tiene en su centro una” H” y que dice alrededor: ” La humildad es el conocimiento de sí mismo”.

Los hermanos se dan cuenta que estas son las nuevas armas para dar la ¡Vida por Su Rey! esta certeza les produce felicidad total... Plenitud. Teresa inflamada de amor le dice a Rodrigo: “siento mi alma como las aguas del río que se funden en el mar donde ya jamás se puedan separar”, Rodrigo entiende que todo lo que Jesús les ha regalado es ¡una fusión con su alma!

Con estas experiencias y sus nuevas armas, los hermanos le prometen a Jesús dedicar sus vidas a conquistar más personas, para que vengan a conocer los tesoros que esconde este maravilloso Castillo.



Al volver de la oración de ese glorioso día en que llegaron a encontrar el tesoro del reino, todas las puertas se les van abriendo. Las sabandijas y alimañas al oír sus pasos salen arrancando... las piezas oscuras se van iluminando... Teresa y Rodrigo con pasos firmes y seguros, sabiendo que ya nunca podrán separarse de la Trinidad, el misterioso tesoro del reino, vuelven hacia el puente levadizo, al traspasarlo se detienen desconcertados ¡todo el paisaje ha cambiado!... ven el sendero rodeado de flores multicolores que subiendo la colina llega directamente a la entrada principal de la ciudad amurallada. Emprendiendo el camino cuesta arriba, plenos de amor y alegría avanzan hacia sus nuevas vidas ¡con sus almas secretamente conquistadas!