Quinta pieza

Jesús está muy contento con ellos... Él mismo les abre la puerta pidiéndoles que se comprometan a confiar más en Él. Rodrigo le pregunta ¿podremos hacerlo? Jesús responde que si le ofrecen las cosas que les cuestan, especialmente aquellas a las que están más apegados, tendrán más libertad para dominar a las oscuras sabandijas y alimañas... ¡así confi arán más en Él!

Ellos abrazándose a Jesús quedan con Su fi gura impresa en sus corazones, las campanitas suenan contentas y la luz del farol aumenta su brillo.

Cada día que pasa los hermanos tienen más amor a los demás, se confiesan a menudo, juntos van a comulgar; en la comunión se unen a Jesús que está escondido dentro del pan y el vino... estas actitudes les facilitan las diarias conversaciones con Él.

Teresa le explica a Rodrigo lo que ella cree que les está pasando en el alma, se compara con el gusano de seda, que se va envolviendo en un capullo y se encierra para completar su crecimiento y transformación, luego rompiendo la cubierta protectora, surge una linda mariposa blanca que comienza a volar, revolotea por todos lados, sin saber dónde posarse. Como gusano solo conocía la tierra, como mariposa y desde la altura... ¡ve todo tan diferente!!

En una pared de la pieza ven una luz azul que los atrae, curiosos se van acercando hasta una ventana que se abre cuando levantan el farol, se afi rman en el marco de la ventana y a lo lejos ven una nube rodeada de
angelitos. A través de ella divisan ¡La pieza del Rey! ¡Es tanta la emoción que determinan ser cada día mejores para avanzar más rápido hacia el encuentro del tesoro!

Las alimañas, sabandijas y oscuras bestias se ponen furiosas con la determinación de los hermanos, porque saben que si los pierden perderán a muchas personas, que al verlos tan buenos y felices seguirán su ejemplo
y entrarán al Castillo. Desesperados, viendo que las otras formas no les han dado resultado, inventan tentarlos con colores de bien. Tratan de que se enreden en los pensamientos cuando van a entrar en oración, esperan


esos momentos de intimidad con Jesús para recordarles algo que tenían pendiente hace mucho tiempo, y les muestran de distintas formas que en vez de rezar podrían visitar a los abuelos, ordenar la pieza, alimentar al perro... todo para que olviden los buenos frutos que sacan de las diarias conversaciones con Jesús. Así, con diversas ideas que son buenas, pero no en el momento que conversan con Él, tratan de distraerlos.

Los niños, por su parte, al escuchar el sonido de las campanitas se acuerdan que la “humildad y la oración” son los cimientos que sostienen este Castillo y al ponerlas en práctica nuevamente derrotan a las sabandijas.

Ese día salen muy fortalecidos de la oración, dándose cuenta de que lo que más le gusta a Jesús es que amen a todas las personas sin distinción; no juzgando, consolando a los tristes; acompañando a los enfermos y en forma especial que es lo que más cuesta: no hablando de las faltas que hacen los demás y ¡solo contar las cosas buenas de los otros!