Un cuento sobre la aventura del alma en su camino hacia la santidad. Inspirado en el libro de las Moradas Interiores de Santa Teresa de Ávila.
Primera pieza
Al día siguiente Teresa y Rodrigo vuelven al Castillo, de rodillas se persignan y al bajar el puente levadizo aparece nuevamente Jesús, quien los recibe feliz invitándolos a iniciar el camino con Él.
Jesús le pasa la llave mágica a Teresa para abrir las puertas. En el pasillo los espera María, que con delicadeza los cubre con un pequeño manto blanco del que cuelgan unas campanitas doradas y les dice que cuando estas tintinean despiertan un poder mágico que espanta a las sabandijas.
José se acerca también pasándoles un farol, para que alumbren el camino cuando se sientan perdidos y tristes, les cuenta que con solo decir su nombre el camino se irá iluminando más y más, para protegerlos siempre. Ven cómo Jesús se va escondiendo en una nebulosa, mientras Teresa con la llave mágica abre la puerta:
Al entrar a la primera pieza ¡no ven nada! Todo está oscuro, excepto por el brillo de los ojitos de sabandijas, alimañas y animales despreciables que por todas partes los asechan haciéndoles zancadillas para que no sigan adelante. De repente Rodrigo siente una mordida, grita y soltándose de la mano de Teresa deja caer el manto y el farol; corriendo sale fuera del Castillo y se encuentra con un niño que juega con un autito bajo un árbol, Rodrigo aún asustado le quita el juguete. Teresa, que ha salido desesperada a buscarlo, lo ve y con mucha rabia le tira el pelo y le pega. Rodrigo queda llorando...
Unos momentos más tarde, los hermanos se dan cuenta de que esta actitud los aleja de Jesús. Arrepentidos, Teresa le pide perdón a Rodrigo y este, acongojado, va a devolver el autito al niño.
Deciden entonces volver al Castillo y persignándose ingresan nuevamente recuperando el manto y el farol... Jesús al verlos los convida hacia una pieza llamada “La conciencia de los espejos” donde se ven a sí mismos en la escena que tuvieron fuera del Castillo. Los espejos refl ejan el daño que provocaron con su pelea, ven cómo el niño volvió furioso a su casa y estas escenas les causan una gran pena, se dan cuenta de que necesitan tomar la amistad con Jesús más en serio para tener más paz, alejándose de las tentaciones...
Teresa le explica a Rodrigo que el espejo sirve para que ellos se conozcan más y puedan ir mejorando la amistad con Jesús, ya que al conocer sus debilidades podrán perdonar las de los demás. Teresa hace una comparación de la oración con la abeja, que cada día sale a volar de fl or en fl or en busca del néctar para libar la miel, y le dice que es así como las personas reciben el fruto de nuestras oraciones.