Hace muchos años había en la parte alta de una colina una pequeña ciudad rodeada de grandes murallas. En su interior la población tenía todo lo que necesitaba para vivir, la Iglesia con su campanario, el hospital, el colegio para los niños, pequeñas granjas con hortalizas y frutales, ovejas, cabras, animales domésticos y el almacén donde vendían todos sus productos.
En una de las casas vivía la familia de Teresa y Rodrigo.
Un día, Teresa, de carácter curioso y audaz, invitó a su hermano Rodrigo a ver qué había tras la puerta siempre cerrada del fondo de la muralla de la ciudad, él se quedó mirándola asustado, pero después de dudar un momento decidió acompañarla.
Al llegar a la puerta les cuesta mucho abrir el cerrojo enmohecido por los años, pero la curiosidad les da fuerzas desconocidas y logran hacerlo después de un largo forcejeo. Cruzan y ven impresionados un hermoso llano y un angosto sendero que a la distancia llega a un tupido bosque. Sin pensarlo dos veces, Teresa toma a Rodrigo de la mano y corren colina abajo hasta llegar al bosque... dudan un momento y luego, armándose de valor, aprietan sus manos internándose rápidamente, imaginando que entre los árboles hay animales feroces que podrían atacarlos al menor descuido.
Mientas avanzan, una luz entre los árboles los guía aumentando su claridad a medida que se acercan. Por fin, al llegar al final del bosque, levantan la vista y divisan atónitos un hermoso Castillo de cristal, brillante como la luz del sol, que ilumina todo el entorno con un halo de gran misterio, paso a paso se van acercando...
El Castillo está rodeado por un foso de agua sucia y maloliente con horribles bestias, sabandijas y toda clase de alimañas y otros animales rastreros. Serpientes, lagartos y dragones les escupen fuego y van moviéndose lentamente hacia ellos, pero al verse descubiertos y ante la decisión de los hermanos de seguir adelante empiezan a retroceder, sus fuerzas malignas se van debilitando... y al replegarse despejan un camino que permanecía escondido bajo telas de arañas y múltiples barreras...
Teresa y Rodrigo siguen el camino hacia el Castillo cada vez más asustados. Hincándose se persignan para pedir fuerzas nombrando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como una contraseña protectora. Aterrados y en silencio esperan unos minutos, de pronto ven cómo lentamente el puente levadizo empieza a descender, ellos siguen de rodillas y no pueden creer lo que ven ¡el mismo Jesús aparece de pie junto a su Madre María y su Padre José!
Emitiendo gemidos tenebrosos los animales del foso se arrinconan por miedo a la luz que emana desde la figura de Jesús y Él acercándose a los niños los toma de la mano para que no tengan miedo. Una vez calmados, Jesús les dice que hace tiempo los esperaba para que conocieran este tesoro, también les revela que el Castillo tiene siete piezas llenas de sorpresas si están dispuestos a pasar por esta gran aventura deberán tener mucha paciencia y perseverancia. Luego, les entrega algunas claves:
Una llave mágica que funciona con la oración de cada día y sirve para abrir las puertas de las piezas.
Los previene de los animales del foso que luchan con todos sus poderes para que las personas no conozcan el Castillo, evitando de múltiples formas que se encuentren con el tesoro de la oración que llevan dentro de sus almas, y que descubran las “virtudes” que son el alimento para ganar fuerzas y así transitar por las innumerables pruebas del Castillo.
La tarde va cayendo y los hermanos tienen que volver a casa antes de que los descubran, ¡salieron sin avisar! Jesús los abraza, dándoles ánimo para que vuelvan cada día hasta que logren conocer todos los rincones del Castillo.
María y José los observan atentamente, les sonríen desde la puerta mostrándoles en sus manos unas bolsitas que les guardarán para la próxima visita...
Ya en la noche, después de la maravillosa experiencia vivida, Rodrigo le pregunta a Teresa cómo puede rezar. Ella le cuenta que en su experiencia de oración, cuando más se ha acercado a Jesús tratando de conocerlo, ha sido cuando conversa con Él como con un amigo, contándole sus cosas desde el corazón con toda sencillez. Le explica que así se va fortaleciendo para no caer en las tentaciones de las sabandijas ya que estas culebritas con sus mordidas venenosas solo tratan de impedir que te acerques a la pieza del Rey. Rodrigo ahora entiende de qué se trata la oración y queda feliz de saber que Jesús puede ser su mejor Amigo.